Fwd: Coordenadas Políticas/Martín Aguilar/No por mucho madrugar

Muchos empresarios, líderes e incluso gobiernos viven atrapados en la operación del día a día. Todo depende de ellos: cada decisión, cada movimiento, cada resultado. Son operadores, no dueños. Y eso limita no sólo la libertad personal, sino también la capacidad de crecer y de generar confianza. La diferencia entre operar y poseer no es un matiz: es la línea que separa la sobrevivencia de la trascendencia.

 

En la seguridad ocurre lo mismo. Una autoridad que reacciona solo cuando estalla la crisis está operando, apagando incendios. Un líder que realmente posee la estrategia construye sistemas que funcionan aun sin su presencia. Lo hicimos en el Servicio de Protección Federal: cuando la estructura, la formación y la confianza se consolidan, la seguridad no depende de un nombre, sino de una institución. Y eso da tranquilidad a todos.

 

La cultura ciudadana también nos enseña esta lección. Operar es reaccionar al caos diario: quejarse, protestar, esperar que otros resuelvan. Poseer es asumir corresponsabilidad, fortalecer la convivencia, pasar de la protesta a la propuesta y a la acción. Una sociedad que se limita a operar en la rutina se desgasta; una sociedad que posee sus valores y los vive en lo cotidiano, se transforma.

 

En el emprendimiento la diferencia es aún más clara. El operador está atado al mostrador, al teléfono, al horario interminable. El dueño es quien se atreve a delegar, a confiar en su equipo, a diseñar sistemas que permitan crecer sin esclavizarse. Lo he visto en muchos jóvenes que comienzan con entusiasmo pero terminan agotados porque confunden ser productivos con no soltar nada. El verdadero emprendimiento no se trata de cargar el peso solo, sino de construir algo que trascienda.

 

En el Consejo Ciudadano aprendimos a combinar ambas dimensiones: operar con eficacia inmediata y, al mismo tiempo, poseer la visión y los propósitos que daban sentido y rumbo. Y allí logramos demostrar que la prevención es la mejor seguridad. Prevenir fue siempre mejor que reaccionar, porque la prevención genera confianza entre autoridades y ciudadanía, fortalece la convivencia y construye tranquilidad duradera. Ese enfoque permitió resultados claros: más cooperación, más certidumbre y la certeza de que la seguridad es fruto de la corresponsabilidad.

 

La clave está en la psicología del liderazgo. El miedo al fracaso o a perder control paraliza y nos mantiene en modo operador. La humildad, en cambio, nos permite soltar, confiar y crecer. La soberbia y la arrogancia destruyen negocios, instituciones y sociedades porque ciegan la capacidad de escuchar, de aprender y de adaptarse. Y ninguna organización ni ninguna sociedad está exenta de caer en esa trampa.

 

Hoy necesitamos líderes que se asuman como dueños de su destino y no como simples operadores de la coyuntura. Dueños de su visión, de su propósito, de sus valores. Líderes que construyan confianza al demostrar que no trabajan para sí mismos, sino para todos. Que en seguridad apuesten por sistemas sólidos; que en cultura ciudadana fortalezcan la corresponsabilidad; que en el emprendimiento siembren futuro y no dependencia.

 

El llamado es claro: dejemos de vivir atrapados en la operación inmediata y comencemos a poseer nuestro futuro. Poseer es crear estructuras que trasciendan personas, es generar confianza más allá de la presencia física, es tener el valor de delegar y la visión de innovar.

 

La diferencia entre operar y poseer no es solo un concepto empresarial: es un principio de vida. Quien opera vive en la urgencia; quien posee construye con paciencia y constancia. Quien opera depende del miedo; quien posee se inspira en la confianza. Quien opera se consume; quien posee trasciende.

 

La decisión está en cada uno de nosotros: ¿seguiremos operando por inercia o tendremos el valor de poseer, de innovar y de construir? El futuro de nuestras empresas, de nuestra seguridad y de nuestra cultura ciudadana depende de esa elección.

 

Porque el verdadero liderazgo no es cargar con todo, sino dar las condiciones para que otros también puedan brillar. El éxito se mide en la capacidad de generar confianza, de multiplicar esfuerzos y de dejar instituciones, empresas y comunidades más fuertes que cuando las recibimos.

 

Ese es el desafío. Y también la oportunidad. 

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