La reforma electoral que contempla la presidenta Claudia Sheinbaum, tiene más escollos que aciertos.
¿Nació muerta? ¿Aún no se sabe qué cantidad de obstáculos habrá de sortear el proyecto presidencial?
¿Se concretará en el siguiente periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión?
Dadas las actuales circunstancias, es seguro afirmar que no hay condiciones para discusiones tendientes a lograr consensos.
Ya lo adelantó, el diputado Ricardo Monreal, en cuanto a qué se vislumbran complicaciones con los aliados de Morena, PT y PVEM.
Una eventual falta de unidad entre las tres fuerzas políticas citadas, complicaría alcanzar la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.
Hay legisladores del PT y PVEM, que lo dicen fuerte y quedito; en privado o en público, en cuanto a que la reforma que se plantea es regresiva y difícil de aprobar.
En días pasados, el líder de los diputados del PRI, Rubén Moreira, bautizó la reforma del régimen como "Ley Maduro".
Lo que se ha ventilado, indica que el proyecto oficial buscará a toda costa tener el control absoluto de los procesos electorales, y por ende, de sus resultados.
Eso es lo que realmente sucedía en la Venezuela de Nicolás Maduro, donde la oposición quedó reducida a su máxima expresión.
Aquí en México, la pretensión es prácticamente desaparecer los diputados plurinominales y disminuir al máximo los recursos para partidos políticos.
Lo dijo con sobrada claridad Pablo Gómez, el encargado de elaborar el proyecto de reforma presidencial: "el INE no debe ser autónomo".
Pronto hubo reacciones en contra de esa expresión, como sucedió con la presidenta del Senado, Laura Itzel Castillo Juárez.
En declaraciones a los medios de comunicación, manifestó: "estoy a favor de que exista autonomía e independencia (del INE)".
Otro integrante de la 4T, el diputado del PT, Reginaldo Sandoval, cuestionó: ¿Necesitamos la reforma electoral si tenemos el control de los tres poderes?
El pasado lunes, los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE), presentaron un catálogo de 241 propuestas consensadas.
Gómez Álvarez, las recibió de mala gana, echándoles en cara que no necesitaban autonomía, y con su arrogante estilo que carga de por vida.
Dicho evento, provocó escozor en Ricardo Monreal, quien reclamó a los consejeros no haber acudido a la Cámara de Diputados a presentar sus propuestas.
Y es que, en los hechos, quien tendrá la sartén por el mango, es el propio Monreal, que algo sabe de marrullerías legislativas.
De inicio un proyecto de reforma, sin la participación de la oposición, tendrá un resultado fallido.
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